
En la escuela a uno le dicen que deberá ser capaz de hacer en minutos dibujos para los posibles clientes o personajes que en extraños universos tendrán la necesidad de gente como nosotros. Deben hacerse sin modelo o referencia alguna.
Pero la memoria, el aliento, los sueños y el cánon sublime de la perfección titilan en mil imágenes por segundo en la mente... no hay una referencia de lo ideal, hay millones. Sólo los expertos discriminan con habilidad y saben cuándo detenerse.
Es así como se va engrosando la colección de obras inconclusas y en ellas pueden encontrarse similitudes con la propia vida o la vida propia. Al final son fragmentos de algo que no cuajó, uno puede preguntarse el por qué o forzar la conclusión, pero hay un denso misterio que los envuelve y se acaba dándoles la espalda por miedo o decepción. A veces son ellos quienes dan la espalda.
"¿Qué hice mal?" se preguntan los amantes en situaciones así, pero la respuesta llega mucho, mucho tiempo después. Acá uno simplemente se da cuenta de que la cagó pero se tarda demasiado en enmendar el error.